Andrea Nava – Goldepenal.com. ¿Por qué, Ronaldinho? Esa sería la primera pregunta que te haría si algún día la vida me premia con la oportunidad de entrevistarte. ¿Por qué decidir por el mal camino si siempre saliste por la puerta grande?

 

No te juzgo, ni lo haré nunca. Pero sí reprendo tu elección porque tú, «dinho», más que un ídolo eres la razón de ser de muchos, y lo sabes.

 

Sí, la razón de ser; porque así como yo decidí ser periodista por amor al fútbol, del cual me enamoré viendo a tu selección Brasil en la que jugabas, muchos de los que hoy son futbolistas decidieron serlo porque tu magia los hechizó y, mejor aún, siguen el legado que tú dejaste: el joga bonito porque, sin irnos tan lejos, para prueba de ello tu sucesor en el Barcelona: Lionel Messi, que hoy es lo que es porque aprendió del mejor.

 

Esto no lo hago para juzgarte ni señalarte, sino para recordarte las razones por las que el mundo del fútbol te ama tanto como te extraña; pues un verdadero fanático está en las buenas como en las malas.

 

Ronaldinho, duele saber que pudiste darnos más de ti y pesa tanto como el aceptar que en los campos de tu alegría ya no hay más. Pero lo que nos termina de desconsolar es concebir la realidad de que tras las rejas hoy estás, pero por suerte tu magia no se apaga y de allí saldrás.

 

Tu magia no se apaga porque el Estadio Olímpico de Porto Alegre aún aplaude tu debut en el 98, tu magia no se apaga porque el Camp Nou grita todavía tu primer gol con el Barcelona en el 2003, tu magia no se apaga porque el Bernabéu se rinde ante ti hasta el sol de hoy y reconoce tu habilidad con la caprichosa y lo bonito que la tratas.

 

Y no, tu magia no se apaga porque tú le diste vida y nombre a las jugadas como la bicicleta, el sombrero, el autopase y la elástica.

 

Y una vez más, tu magia no se apaga porque a pesar de todo el dinero, la fama y las circunstancias nos demostraste que tu sonrisa tampoco se apaga.

 

Sin más que agregar, te digo fuerza, fe y osadía, que de éstas salgas, aprendas y nos vuelvas a regalar alegrías porque la lección, ya la tuvimos. Y las fiestas, que sean solo en las gradas y en la cancha.

 

¡Ah! Y para hacerte reír: Ronaldinho, ¿cómo pensabas pasar desapercibido? Si a ti te conocen hasta los hijos que todavía no tengo.