England Team, como los Beatles, así sonaron

Esteban Sierra Zamuria, Dallas, Texas.
Categórico triunfo de Inglaterra en su debut en la Copa del Mundo. Juego colectivo, jerarquía individual, mucha profundidad y poder ofensivo para iniciar con buen pie.
Así lo vimos:
Una lamentable desatención del experimentado Luka Modric le entregó a los ingleses la posibilidad de abrir el marcador desde el punto penal. Harry Kane lo hizo efectivo, aunque tuvo que repetir el cobro debido a que, tras el remate, el guardameta balcánico logró detenerlo, pero con ambos pies adelantados sobre la línea de gol, situación que derivó en la intervención del VAR.
Con el paso de los minutos se constató que los croatas, pese al gol encajado, no se apartaron de su patrón habitual: tenencia y circulación. Los centrales, que en esa fase conformaban una línea de tres en el fondo, eran los encargados de darle origen al juego ofensivo. Tras la pausa de hidratación, la escuadra de Modric mantuvo esa intención, aunque adelantando varios metros su posicionamiento en el campo.
Inglaterra siempre encontró a Madueke abierto, pegado a la banda derecha. Esa situación generó los mayores problemas para el rival debido a la movilidad de Harry Kane, quien nunca actúa como un nueve fijo, aunque porte ese dorsal. Ambos elementos, como punta del iceberg, permitieron que Jude Bellingham maniobrara con tiempo y espacio. Mientras tanto, Rice y Anderson sostuvieron la estructura en la zona media.
Pero el fútbol está lejos de ser absoluto. Un robo en la salida británica dejó mal posicionada a Inglaterra y Croacia encontró el empate gracias a un soberbio zapatazo de Baturina desde el borde del área. En las acciones a balón parado (ABP), la presencia de Kane y la precisión de un ejecutor como Rice representan una alarma constante para los rivales, sobre todo con envíos que caen dentro del área. En un saque de esquina ejecutado de manera magistral por el mediocampista inglés, Kane conectó de lleno para desatar la euforia de los miles de aficionados ingleses presentes en las tribunas. Un gol al mejor estilo británico.
El primer tiempo fue un manifiesto de estilos contrapuestos, pero con un denominador común: la calidad individual puesta al servicio del colectivo. Croacia apostó por el juego asociativo, las secuencias de pases y los movimientos de ruptura para construir el empate. Una jugada vistosa, cargada de técnica y precisión. Musa fue el encargado de sellar la igualdad justo antes de que sonara el silbato para el descanso.
El entretiempo no significó tregua. Inglaterra devolvió el golpe con una gran salida elaborada mediante triangulaciones por la derecha, que activaron el espacio para que Jude Bellingham apareciera como finalizador. Su remate salió mordido, pero lo suficientemente lejos del alcance del arquero. El balón rebotó en el poste y terminó en el fondo de la red.
Inglaterra fue una maquinaria resolutiva durante el complemento. Livakovic evitó una derrota aún más amplia con al menos cuatro intervenciones de mérito que lo convirtieron en el mejor jugador de Croacia en la tarde texana. A diez minutos del final, Marcus Rashford levantó la mano para sentenciar el encuentro. Engaño, gambeta y gol. En el área es letal el extremo que disputó la temporada pasada con el Barcelona. Su tanto terminó por confirmar una actuación inglesa tan armoniosa como contundente.
Como los Beatles, Inglaterra sonó afinada, coordinada y brillante en Dallas.
